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Los mentirosos siguen mintiendo, y los estafadores estafando


Tráfico de influencias, dietas estratosféricas para supuestas cenas de empresa, evasión de impuestos, obras de arte que cuestan un riñón y parte del otro en aeropuertos en los que nunca ha volado ni volará ningún avión, malversación de caudales públicos o puro y rudo contrabando de tabaco.

El poder siempre ha pervertido al ser humano; y las altas esferas (políticos, grandes empresarios, banqueros, jueces) siempre son los primeros en aprovecharse de ese privilegio y mordisquear la manzana de la corrupción. Esto pasaba ayer, pasa en este mismo instante mientras lees estas líneas y pasará mañana.

Por eso la actual profusión tan exagerada de titulares en la prensa sobre tramas destapadas y políticos descubiertos puede llegar a parecer una especie de estrategia política para hacer creer al ciudadano de a pie –a ese ciudadano que maldice al PP por su sarta de mentiras incesantes y por los duros recortes y subidas de impuestos aplicados a la población– que el gobierno está por fin poniendo orden, que tranquilos, que todo se está solucionando y que la corrupción, como la crisis, es únicamente fruto de errores del pasado (socialista, por supuesto).

Aunque en realidad, con el paso del tiempo comprobaremos que ninguno de esos políticos, jueces, banqueros, reyes ni yernos de reyes pisará las celdas de ninguna cárcel ni pagará por sus estafas o imprudencias. Los hechos se convertirán en bombas de humo, en simples titulares que se renuevan un día tras otro en los medios de comunicación.

No hay nada por lo que preocuparse, dicen ellos, porque saben que pronto nos olvidaremos de sus fechorías –como cuando año tras año estamos convencidos de que éste es justamente el más seco de toda la historia, olvidando la última sequía de hace menos de media década– y en lugar de enfadarnos y salir a las calles con rabia por la absurdidad del conjunto, volveremos a nuestros curros de siempre (los que aún lo conserven), sintonizaremos nuestro canal de televisión favorito y volcaremos nuestra atención hacia un nuevo caso efímero de corrupción sin consecuencias, una nueva historia sobre poderosos que toman el pelo a los más débiles.

quoting an essay from Adbusters UK


The best way to understand the world is to see it not as a metaphorical prison, but a literal one.


The prison is now as large as the planet, and its allotted zones can vary and can be termed worksite, refugee camp, shopping mall, periphery, ghetto, office block, favela, suburb. What is essential is that those incarcerated in these zones are fellow prisoners.

The authorities do their systematic best to keep fellow prisoners misinformed about what is happening in the world. The aim is not to activate them, but to keep them in a state of passive uncertainty, to remind them remorselessly that there is nothing in life but risk, and that the Earth is an unsafe place.

This is done with carefully selected information, with misinformation, commentaries, rumors, fictions. The prison population is tricked into believing that the prioriy for each one of them is to make arrangements for their own personal protection and to acquire somehow their own particular exemption from the common fate. Mankind is presented as a coward; only winners are brave.

by John Berger

Capital has succeeded in converting people into "living" fixed capital, into organic dead labor.

The dogmas defining criminality and the logics of imprisonment have changed. It's here that the thinking of Zygmunt Bauman is illuminating. He points out that the corporate market forces now running the world are exterritorial, that's to say "free from territorial constraints". They are perpetually remote, anonymous and thus never have to take account of the territorial, physical consequences of their actions. He quotes Hans Tietmeyer, former President of the German Federal Bank: "Today's stake is to create conditions favorable to the confidence of investors." The single supreme priority.

by Andy Merrifield

Speculative financial transactions add up, each day, to $1.3 trillion, 50 times more than the sum of all the commercial exchanges.

Submissive goverments, bothe of the left and right, eagerly obery the dictates of their financial masters. Their police and security forces and spy agencies are the herders who keep the prison population in line.