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el arte de decir basta
Basta. ¿Basta qué? Basta café. Basta cigarrillos. Basta coca-cola. Basta twitter. Basta ropa-capricho. Basta noticias basura. Basta verduras plastificadas y comidas preparadas.
Suficiente. ¿Suficiente qué? Suficiente dinero. Suficiente trabajo. Suficiente ropa. Suficiente comida. Suficiente tecnología. Suficiente información. Suficientes conocidos para llenar tu lista de contactos.
¿Pero cuándo suficiente es suficiente? ¿Cuándo más aporta menos, respecto al esfuerzo (económico, de tiempo, de energía) que supone?
"El arte de decir que no de forma natural", decía Fangoria. Yo digo que en esta sociedad ultraconsumista donde siempre hay más, donde nada es suficiente, donde bueno puede ser siempre mejor, el secreto de la felicidad es practicar el arte de decir basta, tengo suficiente. 'Enough is enough'.
Suficiente. ¿Suficiente qué? Suficiente dinero. Suficiente trabajo. Suficiente ropa. Suficiente comida. Suficiente tecnología. Suficiente información. Suficientes conocidos para llenar tu lista de contactos.
¿Pero cuándo suficiente es suficiente? ¿Cuándo más aporta menos, respecto al esfuerzo (económico, de tiempo, de energía) que supone?
"El arte de decir que no de forma natural", decía Fangoria. Yo digo que en esta sociedad ultraconsumista donde siempre hay más, donde nada es suficiente, donde bueno puede ser siempre mejor, el secreto de la felicidad es practicar el arte de decir basta, tengo suficiente. 'Enough is enough'.
no entiendo nada
Hay gente que se siente orgullosa de lucir una camiseta con cuatro mil logos y cero personalidad.
Hay gente que está contenta porque lleva joyas valoradas en seis mil fantasías de euro.
Hay gente que cuando está triste entra en una tienda como terapia.
Hay personas que comprarían cualquier cosa inútil con tal que esta cosa lleve un cartel de descuento u oferta.
Hay parejas que todo lo que pueden compartir es una tarde de compras (y la tarjeta de crédito).
Hay hombres que se esclavizan a pagar un crédito para poder conducir un coche mejor durante las horas libres que no tienen.
Hay padres que (creen que) educan a sus niños comprándolos.
¿Qué coño nos pasa, estamos locos?
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